YO RENIEGO…


En el laboratorio clandestino, la doctora Hernández levanta el rostro del visor del potente microscopio. Parpadea para ajustar su visión al mundo al que pertenece, abandonando la ilusión de flotar entre moléculas.
—¿Se da cuenta de lo que esto significa, doctor?
Heisenberg asiente. Nadie lo comprende mejor que él, la única persona que ha ganado dos premios Nobel científicos: Física y Medicina. Y ha llegado a odiarlos de tal manera…
Durante más de una década en la cresta de la ola se sintió como un dios. «Asclepio, Hermes, apartaos. Ha llegado Heisenberg. Solo yo he vencido a la enfermedad y a la muerte. Yo decodifiqué el secreto de la vida. Humanos, yo os he convertido en inmortales».
Qué soberbia. Tan solo doscientos años después, superpoblación, la natalidad demonizada y el ocio convertido en vicio depravado. Se vio obligado a iniciar, en secreto, una nueva línea de investigación que no buscaba, sin embargo, un tercer Nobel… no quedaban tan altas miras sobre la faz de la Tierra.

La doctora Hernández no oculta un sollozo poco científico. Han logrado identificar el agente molecular que, una vez liberado y sin posibilidad de redención, dará la bienvenida a la Muerte en nombre de la Humanidad.