REVISTA PdÁ LITERARIA

Recojo en esta entrada el nacimiento de una nueva revista en la que tengo el honor de participar y que estará pronto a la venta.






Sobre la revista
https://youtube.googleapis.com/v/LLY9Ohx0gyI&source=uds
La idea de crear PdÁ Literaria surge del sueño de dos editoras literarias, Noemí Trujillo y Anamaría Trillo. Con cariño e ilusión, acogen la obra y los sueños de muchos escritores que, debido a las imposiciones del mercado editorial, no tienen una oportunidad de verse publicados por las grandes editoriales que copan el panorama literario actual.

Playa de Ákaba, la editorial de la que emana la revista, es incapaz, debido a su tamaño y sus medios limitados, de dar salida a todo el talento de tantas y tantas voces que necesitan hacerse oír. Pero desea hacerlo, de ahí que una revista pueda ser una solución. Una revista es un medio ágil y accesible, es una forma de que muchos autores puedan expresarse, puedan ver sus obras en un papel, en un medio que las haga llegar a cientos de lectores. PdÁ es un medio de expresión que recogerá opiniones, reseñas, artículos de actualidad literaria y sobre todo literatura de calidad: poemas, ensayos, relatos…

Nace con el deseo de dar voz a muchos autores de gran calidad, pero aún sin la difusión que se merecen, y, además, con la aspiración de convertirse algún día en una revista de referencia dentro del mundo literario.


La directora de la revista

Anamaría Trillo (Madrid, 1976) es Licenciada en Periodismo y editora. Comenzó su vida profesional en la radio, la prensa escrita y la comunicación empresarial, pero finalmente ha orientado su carrera hacia el mundo del libro, que le permite aunar dos de sus grandes pasiones: leer y escribir. Trabaja como editora y correctora, e imparte cursos de edición literaria. Es uno de los miembros fundadores del grupo literario Generación Subway, en el que coordina una antología de relato. Ha participado en el libro colectivo Nueva carta sobre el comercio de libros (Playa de Ákaba, 2014). El faro de Umssola y otros cuentos subterráneos (Playa de Ákaba, 2014) es su primera incursión en solitario en el mundo literario. Su pasión por el mundo del libro la ha llevado a cultivar una hermosa afición: hacer libros a mano mediante técnicas de encuadernación tradicional.

Formato de la revista


El formato de la revista es DIN A4, con 60 páginas a todo color.

Listado de autores para el nº1


Miguel Hernández García
Efraim Suárez
David Yeste
Eugenio Asensio
Juan Manuel González Lianes
Ángel Silvelo Gabriel
Juan Olivares
Noemí Trujillo
José Payá Beltrán
Enrique Clarós
Ángel Lara Navarro
Mª Dolores Fernández Guerrero
Herminia Meoro
Pedro P. de Andrés
Elena Marqués
Belén Rodríguez Quintero
Anamaría Trillo
Rosario Curiel
Amanda Gamero
Josep Piella
Úna Fingal
Rafa Melero
Ismael Pérez de Pedro
Jorge Gamero
Milagros Arranz
José Cuenca Molina
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CASANOVA Y EL MAR

Prometí publicar este relato en el blog y siempre cumplo una promesa. Para ti, Lydia.


Casanova y el mar

El último mensaje seguía ahí, en el móvil; otro esquinazo en el último momento. Debía tratarse de una ex que intentaba pagarle con su misma moneda, pero eran demasiadas como para tener una sospecha clara. Años de seducción, de echar el anzuelo en la Red y conseguir deliciosas presas, siempre los más atractivos pececitos del banco. Esas páginas de contactos era una mina. A Javier le resultaba tan sencillo que, en ocasiones, se aburría, aunque no por ello cejaba en su empeño. El método era sencillo: crear un perfil con su foto más atractiva, unas palabras ligeramente misteriosas en la biografía y unos gustos amplios para abarcar diversas posibilidades. Un par de chateos, a lo sumo, y ya tenía el teléfono. De ahí al dormitorio era un par de cenas, en el caso de la más resistente.
Sin embargo, con Luca había sido diferente desde el principio. Mostró algo de interés, sí, en los primeros compases, pero después entraba y salía del baile con ágiles movimientos evasivos. Cuando parecía que Javier se irritaba y pasaba a otra cosa mariposa, Luca aleteaba de nuevo en las cercanías y el interés rejuvenecía. Todo un reto. Si era cierto que se trataba de una ex, se tomaba muchas molestias. Javier era locuaz e ingenioso, pero no persistente y aquel era el pez del viejo en el mar. Tira y afloja.
Otro mensaje. Que sí, que había llegado, que la esperase, que fuera al bar donde han quedado, por favor, pero que no saliera corriendo. Sonaba demasiado a broma, o peor, a trampa. Javier hizo un amago de dar media vuelta e irse a casa a por otro sedal, aunque no pudo resistir el embrujo de la misteriosa cita. Entró en el local. Solo había una mujer dentro. Tenía que ser Luca, sentada en una silla de ruedas y mirando hacia la puerta con ojos indefensos. Su instinto depredador sufrió un revés. Ahora entendía las reservas con respecto a las fotos del perfil y las evasivas cuando Javier se las solicitaba. Le gustaban las mujeres altas, de piernas largas y caderas estrechas. Luca, en cambio, era una chica del montón con un hándicap adicional. Pudo leer la decepción en los ojos de ella cuando la duda le retuvo en la puerta de la cafetería. Recordó su conversación tan agradable, siempre culta e interesante, por no hablar de su enorme sentido del humor… Reaccionó a tiempo, tenía esa facilidad. Sonrió al mirarla. Qué diablos, la chica le gustaba, tal vez fuera el momento para un cambio.
Se acercó a Luca, desconcertada ante el cambio de estrategia de Javier. Esperaba tensa, como una presa acorralada, pero él sabía ser arrebatador cuando se lo proponía:
—Hola preciosa, ya era hora de conocerte.

            Recibió tal sonrisa a cambio que se derritieron todas y cada una de sus capas de estupidez. La mirada de Luca le transmitió una paz desconocida y de pronto deseó que aún quedara esperanza para él.

LA BIBLIOTECA

Estampé mi firma con satisfacción. Había empleado tiempo y recursos para lograrlo, pero al fin era mía la Villa de las Flores, hogar ancestral de la familia Villena. En su interior, verdadero objeto de mi deseo, la magnífica biblioteca, reunida a través de generaciones.
El portón de acceso cedió con facilidad a la llave, un detalle de buen agüero. Fascinado, exploré mis nuevos dominios hasta encontrarla. Paredes recubiertas de libros de todos los tamaños y encuadernación: enciclopedias, tratados, antologías… Apenas llevaba unos minutos en la mansión y ya me sentía como en casa. Ansiaba perderme en aquella biblioteca, sumergirme en lecturas únicas en el mundo o en la mera contemplación de aquellos anaqueles cuyo contenido era un tesoro.
Qué estupidez. Tenía a mi disposición una de las mayores colecciones privadas y, sin embargo, me sentía atraído por aquel libro solitario que había quedado relegado tras el abandono precipitado de la familia. Reposaba en un atril, abierto todavía por la página que mi predecesor había marcado con la cinta roja. Sería un buen comienzo dar continuidad a esa lectura, un silencioso homenaje a su anterior propietario.
Mi capacidad de lector crítico quedó en entredicho. No era capaz de discernir una historia, un solo pensamiento en aquella amalgama de frases incoherentes, más propias de un escritor perturbado. Provocado en mi más secreto orgullo, a punto estuve de cerrar el libro para siempre y arrojarlo a la chimenea. Cerré el libro y me fui a dormir, aunque fui presa de un sueño en el que el volumen de tapas negras me urgía a continuar su lectura y descifrar su secreto. A medianoche…
***
Desperté ofuscado. El desánimo había tomado el lugar del entusiasmo del primer día en la villa. Nunca antes se había desquiciado mi descanso de aquella manera. Debía hacerlo a medianoche… ¿Hacer qué? ¿Destruir el libro? Tal vez se tratase de una especie de ritual… La falta de adecuado descanso hacía mella en mi talante escéptico.
A pesar de todo, no me acerqué a la biblioteca en todo el día, atrincherado en la redacción de diversas cartas en mi flamante despacho. Por la noche, tras una cena fría, el descanso se convirtió en una repetición de la pesadilla, protagonizada ahora por una mujer de semblante sereno en una tez pálida como la luna llena y cabellos ensortijados, que imploraba mi ayuda con gestos que yo era incapaz de interpretar. Sometido a su embrujo en descanso y vigilia, no me cabía sino afrontar el misterio.
Con renovado valor, mediada ya la mañana, me dirigí a la biblioteca dispuesto a todo. Cargué la copa de un brandy espeso que apuré sin titubeos. Antes de sumirme en la lectura examiné con una lupa el tomo, sin hallar marcas ni señales de interés. No había título ni autor aparente. Me concentré de nuevo en el galimatías de oraciones sin sentido. Los trazos de tinta impresa se alargaban como zarcillos que intentaran apoderarse de mi cordura en una lucha desigual en la que estuve a punto de sucumbir. Mi único apoyo era el recuerdo de la dama pálida. Apelé al sentido común. La racionalidad no podía ceder ante la superstición. Aquello no era nada más que un simple libro.
Leí sin cesar, página a página, sin atreverme a saltar un solo párrafo por temor a perder información de importancia. Con el discurrir de los capítulos fueron tomando forma imágenes en mis retinas como si de un cinematógrafo se tratara. Rostros de una familia de opulencia manifiesta en sus ropas, maneras y que se encontraban sin duda alguna en el interior de la Villa de las Flores. Eran ajenos a mi observación. Tan solo la dama del cabello rizado mantenía su mirada fija en mí, empujándome a continuar. «Medianoche», leía ahora con claridad en sus labios. La historia oculta cobraba sentido entre aquellas hojas: la desaparición repentina de la familia Villena. Imposible saber de qué modo habían quedado atrapados. La mujer reclamaba mi ayuda, tal vez la única esperanza de liberación. Debía continuar la lectura hasta la medianoche, era la clave. Sin embargo, un sutil temor comenzó a calar en mi propósito. Ignoraba si todo aquel montaje no era sino una trampa para aprisionarme a mí también. La promesa que leía en sus ojos faltos del brillo de la vida no parecía un aliciente poderoso como para abrazar tales riesgos. Fue necesario recurrir a toda mi voluntad para poder levantar la mirada de la atracción magnética de aquellas líneas de texto. El reloj de pared marcaba las once y cincuenta. Fuera, la noche era absoluta. Llevaba todo el día encerrado entre aquellas palabras, una prisión elocuente que terminó por decidirme.
Cuando consideré que el hoyo era lo bastante profundo, dada mi escasa aptitud para el trabajo manual, arrojé el libro a su interior, con la esperanza de haberme deshecho de un inquilino inquietante y de una amenaza a mi derecho de propiedad sobre la villa. Desde el jardín, a través de la ventana abierta de la biblioteca, podía escuchar como el carillón marcaba las doce campanadas.

FINANCIAL TIMES


Su cara se asoma por la puerta entreabierta.
—Señor Presidente, sé que es un momento difícil…
Es su lugarteniente, su hombre de confianza, aunque en este momento le dan ganas de matarlo. Con la que está cayendo y le viene con balances…
Lo despide con la mano enguantada.
Mientras su acólito sale de la estancia, sus ojos se posan sobre los titulares del Times sobre su mesa. “La sobreabundancia de oro quiebra el sistema financiero. Cientos de suicidios”. Tras considerarlo unos momentos, Midas se quita el guante y se rasca la cabeza.

POR VENIR

Al descorrer las cortinas, la luz espanta las sombras.
—Buenos días, dormilón.
Sabe Dios de dónde saca la madre el ánimo que insufla a su voz. El chico parpadea desde la almohada, irritado.
—Mamá, estaba soñando…

—¿Corrías por el campo entre flores? —pregunta la mujer, porque es su sueño favorito.
—No, mamá. Había una máquina prodigiosa, como la del libro, llena de brazos, cables y luces. Curaba los daños en mi médula…
La madre se cubre la boca para ahogar el gemido. Cuando recupera la calma, se inclina, despeja un mechón de pelo de la frente y lo besa.

—Claro, hijo. ¿Por qué no? —murmura convencida—.Algunos sueños de Julio Verne se hicieron realidad.