Verano en corto

Playa de Sopela

Eva María era una rebelde; el mundo le había hecho así, tenía que buscar el sol en la playa con una maleta de piel y un bikini de rayas porque, como siempre sin tarjeta, alguien le escribía versos y le mandaba flores por primavera.

Él fue gavilán, no quería quedarse en paloma. Antes de partir, juntó un beso y un adiós por todo equipaje. Llamó a su barco “Libertad” y… se marchó.

Les dieron las diez y las once… y desnudos, al amanecer, los encontró la pasma en una habitación del Hotel California.

La vida es una tómbola.

Elección

A sus pies los últimos amigos, su madre y los soldados romanos. Sonó un trueno y la tierra entera tembló.
—Padre, perdónalos…
Era el momento esperado, todos pendientes de su persona.
—Perdónalos…
Libre de las ligaduras, soltó los brazos y descendió por su propio pie. Abandonó el escenario de la crucifixión. No estaba dispuesto a perdonar. No otra vez…
***

Éxito abrumador del último musical tras los cambios efectuados en el guión. Nueva banda sonora ya a la venta.

Fotografía: somosvicencianos.org

Dos balas

—No toque a mi novia, señor Presidente —dije con frialdad apoyando su propia Beretta en la sien. Sabía que era como hablar a un trozo de carne. De hecho, así era. Levantó su mirada vacía  y gruñó como un cerdo. No fue difícil apretar el gatillo y desperdigar un poco más de casquería por el Despacho Oval—. No tuviste suficiente con que la becaria te la comiera, que tenías que comértela tú…

Reprimí un sollozo y volví a disparar, esta vez a ella. No quería que volviera de la muerte como había hecho el señor Presidente.

Foto: wikipedia

TE VEO DORMIR

No tengo miedo a que me descubras. Un leve parpadeo y desaparezco antes de que te despiertes. He tratado de alejarme de tu vida, dar un rodeo en mi itinerario de rutina. En vano. Soy incapaz de resistirme a pegar el rostro en el cristal de tu ventana. Necesito mi dosis de tu cuerpo entre las sabanas, desnudo aun en invierno. No puedo vivir sin tu serenidad dormida.

El tejido de mi máscara absorbe las lágrimas. Desearía ser otra persona, entregarme a ciegas, sin secretos. He de irme. Mi mera presencia te pone en peligro.

Solo cinco saltos para llegar a mi ático, la guarida perfecta para guardar en el armario un traje de superhéroe.


SURGIÓ DEL AGUA

Mamá se opuso desde el principio. «Los monos de agua no son más que un timo de la venta por catálogo», me advirtió. Pero cuando los vio surgir de los polvos disueltos en la vieja pecera de Nemo, ya no estuvo tan segura. Poco a poco, todos fueron muriendo excepto uno, diminuto y feroz, que devoró los cadáveres de sus congéneres y pegaba su carita horrenda al cristal. Reía… juro que reía.

Hoy, a pesar de que ha tapado las ventas de su casita submarina, lo he vuelto a ver. Si pego la oreja al vidrio, escucho ruidos metálicos y chirridos. Mamá tenía razón. Cuando acabe con él, tiraré de la cadena.




JUNGLA DE ASFALTO


Salgo a la calle sin aliento y busco, ansioso, algo a lo que saltar. Finalmente encuentro una sonrisa que destaca entre rostros cenicientos. Me pongo a la par y siento como tira de mi agorafobia en dirección al trabajo. Consigo llegar hasta la 47. Me lanzo al vacío de esta acera sin nada a lo que aferrarme. Pánico. Los buenos días de una vecina me impulsan dos manzanas hasta la Quinta. El tránsito de la avenida es un río caudaloso de caras largas en crisis bursátil. Recurro una vez más al anuncio de cereales; esa boca perfecta que me lleva en volandas hasta la oficina.

Por la tarde, sin prisas, me dejaré llevar por lianas afables de vuelta a casa.